Sonatina Mayerly Moreira

SONATINA

La princesa está triste . . . ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave sonoro;

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.

Parlanchina, la dueña dice cosas vanales,

y, vestido de rojo, piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

la princesa persigue por el cielo de Oriente

la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,

o en el que ha detenido su carroza argentina

para ver de sus ojos la dulzura de luz?

¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,

o en el que es soberano de los claros diamantes,

o en el dueño orgullosos de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa,

quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,

tener alas ligeras, bajo el cielo volar,

ir al sol por la escala luminosa de un rayo,

saludar a los lirios con los versos de mayo,

o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,

ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata

ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Y están tristes las flores por la flor de la corte;

los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,

de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!

Esta presa en sus oros, esta presa en sus tules,

en la jaula de mármol del palacio real,

el palacio soberbio que vigilan los guardas,

que custodian cien negros con sus cien alabardas,

un lebrel que no duerme y un dragón colosal,

¡Oh quien fuera hipsofilo que dejó la crisálida!

(La princesa está triste. La princesa está pálida.)

¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!

¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe

(La princesa está pálida. La princesa está triste)

más brillante que el alba, más hermoso que abril!

–¡Calla, calla, princesa –dice el hada madrina–,

en caballo con alas, hacia acá se encamina,

en el cinto la espada y en la mano el azor,

el feliz caballero que te adora sin verte,

y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,

a encenderte los labios con su beso de amor!

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Minniemay

Nuestra América 

(Publicado en la Revista Ilustrada de Nueva York, Estados Unidos el 10 de enero de 1981, y en El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1981)

José Martí 

José Martí  cree que en estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, si no con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellano. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

Una idea enérgica , planeada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del punto y final, a un escuadro de acorazado. Los que enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor han de encajar, de modo que sean una, las dos manos.

Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire con la capa cargada de flor restallando o zumbando, según lo acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡ Los árboles se han de poner en la fila para que no pase el gigante de las siete lenguas!.

No les alcanza al árbol difícil el brazo  canijo , el brazo de uñas pintadas pulseras, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol.

Si son parisienses o madrileños, vayan al prado, faroles, o vayan al tortoni, de sorbetes. ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió , y reniegan! ¡bribones! ¿Quién es el hombre? ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que le pone a trabajar donde no la vean , y vive de sus sustento en las tierras podridas con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargo, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? estos desertores que piden fusil es los ejércitos de la América del Norte, que ahoga de sangre a sus indios, y va de más a menos.

¿En qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestra repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles ?.

Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan su selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de persio y derramando champaña.

Con un derecho de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero.

 

Mayerly Moreira

2do “D”